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noviembre de 2006

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El recorrido sorprendente de un ciego
   

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El recorrido sorprendente de un ciego
(Juan 9,9-14)
 
aveugle de Jéricho Al pasar, Jesús ve a un ciego de nacimiento. Él no le pide nada pero Jesús va a curarlo y a acompañarlo a lo largo de su historia. Paso a paso, el ciego va viendo más nítido, más lejos. 

El ciego experimenta una metamorfosis. Un cambio total en su percepción del mundo: ve su pueblo por primera vez, a sus padres, a quienes sólo tocaba; relaciona los perfumes de la tierra y de la hierba que crece, el sabor del pan y esta cosa que antes rompía. Da gracias al cielo. El que lo curó es un profeta.
 
Ahora sí que se propasa para los fariseos. Los maestros del Templo, sombríos, no soportan que un mendigo les dé lecciones. Le tachan de pecador y se repliegan dentro de sus certidumbres.
 
Y como el ciego es requerido para decir lo que piensa de todo ello, lo vemos aquí descubriendo su propia respuesta. Es sometido a un interrogatorio severo: ¿de verdad es a ti a quien ocurrió? ¿y quién te ha hecho esto?

El ciego se remite a los hechos: yo era ciego - veo. Pero en el segundo interrogatorio acaba cabreándose y se moja ante los fariseos: "si este hombre fuera un pecador, no podría hacer nada!" Todavía no es una profesión de fe pero está en camino. Los pasos de su evolución están señalados por los títulos que le da a Jesús: "un hombre al que llaman Jesús y de quien no sabe donde está"; luego: "Jesús es un profeta"; y, por fin, en presencia de Jesús el ciego "cree en el Hijo del Hombre".
Por todo ello le echan de la sinagoga.
 
Este relato dice algo de nuestra propia experiencia. A veces nos damos cuenta de que "nuestros ojos se han abierto" y que todo ha cambiado. Es como si la vida tuviera un nuevo sabor, una palabra que no entendíamos hasta ese momento y que cobra sentido. 

yeux ouverts

 
También nos ocurre, como al ciego, que nos echen de ciertos círculos, que nuestros familiares no nos reconozcan, y nos dejen apañárnoslas solos. Solos ante Jesús. Y ahí es donde progresan nuestras "profesiones de fe" que otros, muchos otros, entenderán.
 
¿Cómo saber si todo esto viene del Espíritu o del Maligno?
"Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida …" (1 Juan, 1) y comprendemos, a veces después de largo tiempo, que todo no está terminado, que todavía se necesita una etapa más, otro encuentro con Cristo, como ocurre al final del relato cuando el ciego-que-ve encuentra a Jesús y le grita: "¡Creo, Señor!"