Cuaderno de bitácora de julio de 2006

    Los sin papeles en la mezquita ¿Otro mundo?
    La fuerza de los débiles Un encuentro de Pentecostés
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Los sin papeles en la mezquita

la grande Mosquée de Paris Habitualmente se invitan a las iglesias. Esta vez, han escogido ir a la gran mezquita de París.
Una vez conseguido el apoyo de las comunidades cristianas (católica, protestante y ortodoxa) reclaman el de la comunidad musulmana. El Rector de la gran mezquita tendría que tomar posición sobre la nueva ley de inmigración. Como musulmanes, se sienten autorizados para hacer esta demanda.
 

Oyendo por la radio la ocupación de la mezquita, me fui inmediatamente para allí. Apenas llegaba, vi a los sin papeles que salían de la mezquita y se agrupaban cerca de la entrada. 

parmi les sans-papiers

 
Me cuentan su decepción: "Hemos sido mejor acogidos en las iglesias. Ha sido imposible reunirse con el Rector. Será mañana".
Los policías formaban un muro ante la entrada de la mezquita. ¡Impresionante! Al cabo de una hora, se retiraron y las puertas de la mezquita se cerraron.
he aquí que unos hombres venían a hacer sus plegarias. Se tropezaron con una puerta cerrada.
Su número no cesaba de crecer y sobrepasaba al de los sin papeles. Los dos grupos se encararon y comenzaron a increparse.
"Por vuestra culpa están cerradas las puertas. Iros de aquí y se abrirán las puertas. Nos estáis impidiendo que oremos".

entrée de la Mosquée Los sin papeles expresaron su cólera: " ¿Cómo podéis ir a orar sin mostraros solidarios con vuestros hermanos? Estamos en peligro ¿Cómo podéis honrar a Dios dejándonos de lado? Dejad de hacer un grupo aparte. Uníos a nosotros".
Subía el tono. Llegaron a las manos. ¡Qué triste espectáculo ver a unos creyente destrozarse mutuamente ante un lugar de culto!
 

La oración no nos libra de las tareas de este mundo. El ser humano tiene que ser lo primero. Se le antepone el culto y sus devociones. ¡Claro, es mucho más fácil!
     
   

¿Otro mundo?

Al final de la tarde, los turistas frecuentan numerosos este barrio céntrico de Paris. Disfrutan entrando en los comercios, se detienen para consultar los menús de los restaurantes, y no vacilan en hacer cola para comprar helados. 

quartier à Paris

Con un amigo de paso, seguimos el flujo de la multitud. Pasando ante una iglesia antigua, sentimos el deseo de entrar en ella. Es grande y nos sobrecoge su belleza. El coro está iluminado y se oyen las melodías del órgano. Sobre el altar, está expuesto el Santísimo Sacramento. Un joven sacerdote está arrodillado, revestido de una capa antigua, acompañado de dos jóvenes con alba. Tres mujeres están en los reclinatorios. La iglesia está vacía. La multitud está fuera.

adoration Después de un canto y una oración en latín, el sacerdote inciensa el Santísimo Sacramento, se pone un velo sobre la capa, y sube al altar para coger la custodia. Hace un gesto amplio de bendición ante una nave vacía. El pueblo está ausente.
¡Extraña liturgia! Da la impresión de haber pasado a otro mundo. Lo importante es cumplir el rito. Como si el rito se bastara a sí mismo. Poco importa que haya gente o no.
 

   

 

     
   

La fuerza de los débiles

Durante tres días se celebró en París un salón internacional de iniciativas para la paz. Más de 200 organizaciones de todos los continentes se reunieron para animarnos a cultivar la paz por medio de la no violencia allí donde estemos. 

pour la paix

impression Después de una mesa redonda, tomo animosamente el camino de los puestos. ¡Hay 120!
¡Qué alegría encontrarse con mujeres y hombres que trabajan por un mundo menos violento, más justo, más solidario y más respetuoso del planeta! ¡Qué profusión de iniciativas! Este repunte de la gente del terreno me llena de esperanza.
Voy de puesto en puesto y mi bolsa se llena de libros y folletos que me dan con gusto.
No hay duda; la cultura de la paz por medio de la no violencia está abriéndose paso en las conciencias y sobre el terreno. Sin paz, ¿puede haber un desarrollo armónico del ser humano, de todos los seres humanos?
 

La no violencia no es algo mediático. Se expresa poco en el campo de las artes. En cuanto a la abolición de la guerra, aún no ha entrado en la conciencia de la humanidad.
Este salón internacional de iniciativas para la paz me recuerda la fuerza de los débiles. El evangelio invita a ver la fuerza secreta que se encuentra entre los pequeños: basta con que sean auténticos.

   

 

     
   

Un encuentro de Pentecostés

En Lucerna (Suiza), la casa Romero sopla sus 20 velas. Lleva el nombre del arzobispo de San Salvador asesinado en 1980 mientras celebraba la misa. Este centro misionero no ha cesado, a lo largo de los años, de ser un lugar de encuentro, de compartir, de formación abierta a todos los pueblos. Vuelvo allí por tercera vez, contento de respirar el gran viento de alta mar.

fêter Para este aniversario festivo, hay mucha gente. Los buenos aromas de la cocina se escapan de los puestos: se pueden encontrar especialidades de Corea, de Vietnam, de la India, de Brasil, de Camerún… Las mesas redondas suscitan el interés, encantan los conciertos, la celebración ecuménica teje lugares de comunión.
Durante mi intervención en la velada, ante un auditorio atento, pensaba en aquello que se dice a menudo en Taizé: "Cristo no ha venido a crear una religión más, sino a ofrecer una comunión de amor a todo ser humano".
 

El Espíritu Santo encuentra con cada uno y con cada una, de manera única, y lo abre al mismo tiempo a la inmensidad del mundo. Vida interior y solidaridad humana están ligadas. Mons. Romero lo vivió así. En la víspera de su muerte, se dirigió a los soldados y a los policías: "Hermanos, sois del mismo pueblo que nosotros. Matáis a vuestros hermanos y paisanos". Los invitaba a desobedecer la orden de matar.  

Esprit