Cuaderno de bitácora de septiembre de 2004

    Visitando a un preso  Boda a la orilla del río
    Encuentro con Eugen Drewermann
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Visitando a un preso

Paolo Persichetti Sus amigos parisienses y su abogado habían expresado su deseo de que yo pudiese ir a verle a la cárcel de Viterbo, en el norte de Roma. Se trata de Paolo Persichetti. Yo lo había defendido en 1995 junto con el Abbé Pierre, en la casa de los derechos humanos, en el transcurso de una rueda de prensa memorable, mientras hacía una huelga del hambre en la cárcel de la Santé. 

Paolo vivía en París y enseñaba en la Universidad. Luego, sin que nadie se lo esperase, fue detenido y extraditado a Italia.
 
Conseguí el permiso para visitarlo y me marché para Roma. Sus amigos me regalaron el viaje.
En Roma, donde el calor era agobiante en este periodo estival, empecé por ir a ver a la mamá de Paolo: María, una mujer maravillosa que va a ver a su hijo cada semana a la cárcel.
Después, tomé el tren para Viterbo. Un tren con paradas frecuentes: 1 h 30 para recorrer 80 Km.
 
En el vagón en que me encontraba subió una familia de gitanos con tres niños pequeños muy inquietos que le quitaban todo sosiego a los viajeros. El mayor estaba orgulloso de llamarse como yo: "Giacomo". Adiviné que llevábamos el mismo destino: la cárcel de Mammagialla. La familia había salido de su casa a las 5 de la mañana y no volvería hasta las 18h.
¡Un largo viaje para una hora de locutorio!
En Viterbo, teníamos que encontrar un coche para ir hasta la cárcel que se encontraba fuera de la ciudad. Al fin llegamos a ese lugar desierto donde surgieron las altas tapias de la cárcel.

Después de todos los controles habituales, entramos en un gran locutorio: seis mesas esperaban cada una a su detenido. 

à la prison


Paolo llegó el primero con paso rápido. Es todo sonrisa y se le ve feliz. No se le echan sus 42 años. Me parece que está más en forma que yo.
En un determinado momento le hablé de su mamá. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
El locutorio estaba lleno del estruendo de las conversaciones que dificultaban la escucha ¡Mis amigos gitanos no se quedaban atrás dando voces!
Un policía vino a avisarme que el tiempo se me había terminado.
Junto con una mujer que acababa de ver a su compañero detenido, tomé un taxi.
 
par amitié Me dijo: "¿usted ha venido a ver a ese preso porque es de su familia? ¿Por amistad?" "No, le respondí yo, por solidaridad". "Entonces está bien" respondió ella. 

Al día siguiente, María estaba allí para llevarme al aeropuerto.
     

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Boda a la orilla del río

Brian y Linda viven juntos desde hace varios años. Decidieron casarse y desean que yo bendiga su matrimonio. 

benir le mariage

Una boda junto al río, en plena naturaleza. Ambos son conscientes de que es su celebración y prepararon con esmero todo el desarrollo de la misma.

la nature est à tous El entorno es mágico. En la luz de la tarde, al son de la música, los árboles nos acogen bajo su sombra. El agua del río corre majestuosamente. La asamblea se siente como en casa y a gusto. No necesitan ser acogidos. La naturaleza es de todos. 

Los novios llegan acompañados por sus hijos. Ellos serán los primeros en tomar la palabra para saludar a sus invitados, subrayar la importancia de los símbolos: el del agua, de la luz, de la tierra y decir cual es la búsqueda espiritual del matrimonio.

Los niños vienen entonces a expresar, uno por uno, sin leerlo en un papel, los deseos que crean la fiesta:

le désir El deseo del pájaro, es el cielo,
El deseo de la mano, es la caricia,
El deseo del oído, es la música,
El deseo de los ojos, es el arco iris,
El deseo de los labios, es el beso,
El deseo de la fe, es el infinito,
El deseo del ser, es Dios.
Cuando nace el deseo, la fiesta da comienzo...
 

La celebración está declarada. No necesito ni alba ni ritual. Las palabras y los gestos se siguen con sencillez y dan sentido.
Al Evangelio le sienta bien encontrarse en medio de esta asamblea que ya no se codea con las Iglesias.

   

 

     
   

Encuentro con Eugen Drewermann

Katholikentag El Katholikentag, gran concentración de los católicos alemanes, se celebraba en Ulm en Baden-Württemberg. Tuve el gusto de hablar junto a Eugen Drewermann para esta conferencia inaugural que congregaba a mucha gente, entre la cual se encontraban varios obispos. 
 
Teníamos la palabra durante dos horas.
Tema elegido: "El futuro del clero". Hubiera preferido un tema más interesante para la multitud que estaba allí.
 
Eugen Drewermann parecía feliz y relajado. 

E.Drewermann et J.Gaillot


Comencé por dar las gracias a los responsables del Katholikentag por haber tomado la libertad de invitarnos a ambos a tomar la palabra. Una institución con semejante audacia merece ser felicitada. Mal veo yo que algo así se pueda hacer en Francia.
 
Fue un hermoso encuentro. No intentamos rehabilitar las estructuras sino hacer brotar manantiales.