Cuaderno de bitácora de Agosto 2000

    Amanece un nuevo mundo  En Roma  

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Amanece un nuevo mundo

Millau, sub-prefectura de Aveyrron, se preparaba para recibir a 50 000 personas par el juicio de los diez campesinos de Larzac , entre ellos José Bové. En una estupenda velada, toda la red de Partenia se reunió para acogerme. Todo ello ocurría en el maravilloso jardín de la familia que me hospedaba. En esta ocasión, como suele ocurrir, me enteré, admirado, de cómo cristianos y no cristianos se habían concentrado y habían tomado la palabra en enero del 95 delante del arzobispado de Rodez. José Bové estaba con ellos.
Después de la velada, comenté que me apetece dar una vuelta a pie por la ciudad. Me acompañaron. Las calles y las plazas iluminadas se llenaban de vida con la llegada de los jóvenes en esta cálida noche de verano.
Al día siguiente por la mañana, me invitaron a una rueda de prensa que se iba a celebrar en un campo, sobre una colina salpicada de sol. José Bové me dijo que tenía un asiento reservado para mí en el tribunal. Las plazas son, en efecto, escasas en ese tribunal cuadriculado por la policía. Consigo a duras penas franquear todos los obstáculos, penetro en esos lugares donde se celebra el juicio de tantos peligros.
Me alegré de conocer a los padres de José. Adivino el orgullo secreto que sienten por su hijo. "Debisteis aprender mucho estando junto a él" les dije . "Muchas veces hemos tropezado, no siempre fue fácil" me confesó su padre.
Comenzó el juicio. El juez, me lo pareció, no controlaba la situación. No escuchaba, hablaba mucho. Frente a él, los diez campesinos se expresaban con calma y sentido del humor. Tenía la impresión de que dos mundos no se encontraban.
Al cabo de dos horas, salí del tribunal para reunirme con la multitud. Había forums por todas partes. Los jóvenes ocuparon Millau y se oponen a la fatalidad de la mundialización liberal. El futuro no podrá construirse sin los pueblos, y sin que los pueblos pobres del planeta accedan a la toma de decisiones.
El Larzac tiene larga tradición de lucha. Hoy día, se da una convergencia de las luchas. Esto es un signo de la mundialización de la resistencia. Tengo la convicción de que aquí un nuevo mundo está amaneciendo.

     

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En Roma

Yo no había estado en la Ciudad desde 1995. Los responsables católicos de la Gay Pride me habían invitado a intervenir en un encuentro ecuménico sobre "religiones y homosexualidad". Al enterarse de que el Vaticano no iba a recibirles y que el Municipio de Roma les ponía trabas, acepté su invitación para dar un mensaje de esperanza a los y las que se sienten tan rechazados por la sociedad como por las Iglesias. Al estilo de Jesús en el Evangelio, que siempre dejaba el futuro abierto para las personas que se encontraban con él.
A mi llegada a Roma, el arzobispo de Lyon, Presidente de la conferencia episcopal, me comunicó por teléfono: "El Papa intervino personalmente ante el cardenal Sodano, Secretario de Estado, para que tú no tengas intervención en este encuentro ecuménico. El Cardenal Sodano avisó al Nuncio apostólico en París me dio el recado a su vez.. "Si el Papa me pide que no intervenga, no intervendré, obedezco".
Avisé de inmediato a los organizadores que sintieron consternación. Les animo diciéndoles que el Papa nos hizo un favor al crear el acontecimiento. Su intervención, que significa prohibición, interesará a los medios de comunicación que van a venir al completo. Esto fue lo que ocurrió sin tardar. Después de un día de entrevistas, me volví a París.

Sólo queda que si una delegación de Gay Pride hubiera sido recibida en el Vaticano, se habría dado un signo de acogida y de escucha . Una oportunidad desperdiciada.